Simbología de la obra, teorías y certezas

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Simbología de la obra, teorías y certezas

Por Pacioli sabemos que La Última Cena representa el momento en el que Jesús anuncia a los apóstoles la traición de Judas. Como hemos comentado cuando hablábamos del estilo de Leonardo, este perseguía que sus pinturas reflejaran el dramatismo natural de los personajes. Para ello, el artista jugaba con las formas, los gestos, las miradas, etc. La Última Cena recoge el gesto de asombro y horror de los apóstoles: unos se levantan y otros se acercan a Jesús. Sin duda, destaca la actitud de Judas, que se aparta al sentirse descubierto, como señala Marani. Dice este investigador que esta obra es usada por Leonardo para poner en práctica su «teoría de los mecanismos del cambio», en la que el pintor plasma el instante en el que las palabras de Jesús enciende la reacción de los apóstoles.

Los bocetos como guía

Leonardo pudo haberse inspirado en gestos y expresiones de sus coetáneos, lo que ha dado pie a muchas teorías sobre quiénes están representados junto a Jesús. Centrándonos en los datos reales con los que contamos, a través de uno de los Códices Fóster, conservados en el Museo Victoria & Albert, podemos saber un poco más sobre la composición gracias a su autor: el propio Leonardo. Concretamente, el Codex Forster II2, fechado entre 1495 y 1497, recoge lo siguiente sobre la representación de los personajes:

«Uno que bebía deja la jarra en su puesto y vuelve la cabeza al que habla. Otro tiende los dedos juntos de su mano y con rígida mirada se vuelve al compañero; el otro, con las manos abiertas, muestra las palmas y alza los hombros hacia las orejas y en su boca hace un gesto de asombro. Otro habla al oído a su compañero y el que le escucha se vuelve a él y le atiende, teniendo en una mano el cuchillo y en la otra el pan, medio partido por aquel. El otro, al volverse, con un cuchillo en la mano, derrama una jarra sobre la mesa. Otro pone las manos sobre la mesa y mira; el otro sopla en el bocado, el otro se vuelve para ver al que habla, entre el muro y el que está inclinado» (en Ottino, 1977, p. 97).

Pero sabemos un poco más sobre la ejecución de los personajes que se representan en la composición. Los dibujos preparatorios que se conservan en la colección Windsor, realizados a sanguina, permiten conocer los diseños previos de algunos apóstoles, como Felipe, Judas o Santiago el Mayor. También importante es un boceto de la Galería de la Academia de Venecia, que representa a los apóstoles agrupados, como en la pared del refectorio, aunque el lugar de Judas no es el que finalmente aparece en la obra definitiva.

Otro dibujo, también de la colección Windsor, nos muestra a Judas de espalda y alejado del resto de los apóstoles, aunque finalmente Leonardo lo pintó formando un grupo junto a Juan y Pedro.

Y lo mismo sucede con Juan; los bocetos lo muestran recostado junto a Jesús, algunos de ellos, con el brazo de este último sobre la espalda del apóstol. En la obra definitiva se representa «escuchando» a Pedro. Posiblemente, para evitar que se interpretara este gesto como homosexual, Leonardo decidió pintarlos separados.

Quizá el dibujo que más llama la atención es aquel en el que aparecen Jesús y Judas en el momento en el que el primero anuncia la traición. Se muestra a Judas acercando la mano al plato que hay encima de la mesa, plato hacia el que Jesús también dirige la suya, haciendo alusión al pasaje aparecido en Mateo 26, 23, que recoge lo siguiente: «El que ha mojado conmigo la mano en el plato, ese me entregará».

Como vemos, son muchas las interpretaciones que se pueden hacer sobre quiénes están representados en la obra más importante del artista florentino; por suerte,  los datos con los que contamos,  los que dan base sólida a la argumentación defendida por los historiadores del arte, aquellos que se conservan en museos y colecciones privadas, no dejan lugar a dudas.

BIBLIOGRAFÍA

CLARK, K. (1988). Leonardo da Vinci. Madrid: Alianza Editorial.

FREEDBERG, S. J. (1998). Pintura en Italia. 1500-1600. Madrid: Cátedra.

KEMP, M. (1981). Leonardo Da Vinci: the marvelous Works of Nature and Man. Harvard University Press: Cambridge.

LÓPEZ-VÍLCHEZ, I. (2015). «Cómo pintar el aire. Fundamentos científicos de la perspectiva atmosférica» en Arte, Individuo y Sociedad, nº 27 (2), pp. 321-336.

MARANI, P. C. (1992). Leonardo. Madrid: Akal.

MARRONE, C. (2009). «Los dibujos ocultos de Leonard da Vinci» en Escritura e imagen, nº 5, pp. 123-134.

MÜNTZ, E. (2014). Leonardo da Vinci. Nueva York: Parkstone Press.

OTTINO DELLA CHIESA, A. (1977). La obra pictórica completa de Leonardo. Barcelona: Editorial Noguer.

Tratado de la pintura. [Disponible a través de internet: https://archive.org/details/eltratadodelapin00leon].

VASARI, G. (1568). Vida de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos. In Fiorenza appresso i Giunti. [Disponible en internet: http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000186192&page=1].

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1 comentario

  1. sergio paz 14 diciembre, 2017 at 3:15 am -  Responder

    El significado de esta obra es mucho más profundo, es filosófico.
    Cenáculo significa lo mismo que Simposio, que Convivio, es una reunión de amigos filósofos que comen, beben, que discuten un tema, en este caso el amor pagano y el amor cristiano.
    En la primera triade platónica a la derecha se observa a Platón (Simposio), a un teólogo (puede ser San Agustín), a Ficino (De amore commentarium in convivium platonis) quien dirige su brazo hacia Cristo, el amor divino.
    La segunda triade platónica dice que El amor es el deseo de la belleza que se perfecciona en Dios.
    El tercer trío, no tríade, muestra la conciliación de la filosofía pagana con el mensaje de Cristo. Cristo desaprueba la acción de Pedro; no se debe devolver mal con mal. Coincide con Sócrates antes de su muerte (Platón, Critón).
    Amar a Dios, amar al prójimo, amar las creaturas, no devolver mal con mal. Ese es en esencia el mensaje de Cristo.

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